Te explicamos todo lo que necesitas saber sobre discos duros




Elegir el disco duro adecuado para tu ordenador no solo influye en la cantidad de archivos que puedes guardar en él, también afecta directamente al rendimiento total del sistema ya que es en el propio disco duro donde se instala el sistema operativo.

A priori puede parecer algo sencillo elegir un determinado sistema de almacenamiento, pero éste deberá cumplir una serie de requisitos para que se adapte a tus necesidades de uso.

Existen diversos tipos de discos duros para tu PC y cada uno de ellos cuenta con unas características que los diferencian del resto y lo hacen más o menos recomendables para el uso que le vayas a dar.

Aun perteneciendo al mismo tipo de almacenamiento, no todos los discos duros ofrecen el mismo rendimiento, ni son adecuados para realizar cualquier tipo de tareas.

Vamos a tratar de arrojar algo de luz sobre los distintos sistemas de almacenamiento de datos y las características que tienes que tener en cuenta a la hora de elegir el disco duro adecuado para tu ordenador.

Disco duro magnético

Es el sistema de almacenamiento más habitual en los ordenadores personales y responde a las necesidades de la mayoría de los usuarios ya que su precio por gigabyte es el mejor con diferencia, ofreciendo los mejores precios del mercado. Pero no todos son iguales.

Existen diferentes tipos de discos duros magnéticos y cada uno de ellos ofrece un rendimiento diferente y resultan adecuados para un determinado tipo de uso.

Si vas a instalar el sistema operativo en él, opta por los que giran a una velocidad de 7200 rpm o superior.

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Aunque puedan parecer todos iguales, los discos duros ofrecen rendimientos diferentes. Elige el adecuado para el uso que se le va a dar.

En cambio, si los vas a utilizar como disco secundario o como almacenamiento de apoyo al disco del sistema en los que guardar tus datos, opta por los que más capacidad tienen aunque son más lentos, ya que funcionan a 5400 rpm.

Éstos, ahorran energía e incluso llegan a alcanzar estados de semi-hibernación en la que la mayoría de los componentes del disco se desactivan si permanecen tiempo sin acceder a los datos.

Si los vas a instalar en una estación de trabajo que hace un uso constante de los datos que se almacenan en esos discos, necesitarás unos discos con mayor rendimiento y fiabilidad: los de la gama empresarial y para servidores. Estos discos, aunque en apariencia son iguales al resto, cuentan con sistemas de seguridad en sus componentes que aumentan su fiabilidad y reducen al mínimo el riesgo de pérdida de datos.

Puedes encontrar este tipo de discos duros en dos tamaños: 3,5 y 2,5 pulgadas.

Los de 3,5 pulgadas se utilizan en la mayoría de configuraciones de ordenadores y servidores, pero algunas cajas, por exigencias de espacio, solo permiten discos de 2,5 pulgadas que además son los que utilizan los ordenadores portátiles.

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Otra característica importante que debes tener en cuenta a la hora de elegir un disco duro es la memoria caché del disco o tamaño del buffer.

La memoria caché del disco duro o buffer es un espacio de memoria interna en el disco que se utiliza para mantener los archivos que utilices habitualmente, de forma que el disco los tiene “más a mano” y su acceso es mucho más rápido. Por lo tanto, cuanto mayor sea este espacio, mayor será la cantidad de datos a la que el disco podrá acceder más rápidamente.

De la gestión de este espacio de memoria se encarga la controladora interna del disco.

La mayoría de los discos duros magnéticos actuales tiene una memoria caché o de buffer de 64 MB, pero todavía se utilizan los discos con 32 MB de caché.

El tamaño del buffer se aprecia principalmente en equipos con una gran carga de trabajo, en las que este extra de memoria caché aporta mayor fluidez a la hora de abrir archivos de gran tamaño.

Este tipo de discos acostumbra a utilizar conexiones SATA 3, aunque nunca llegan a utilizar toda la tasa de transmisión que permite esta conexión.

Discos SSD

Gracias a la bajada generalizada de precios de los discos SSD y al aumento de sus capacidades de almacenamiento, se han convertido en la mejor opción para incluir en cualquier PC de gama media o alta. Ofrecen un mejor rendimiento, menos ruido, menos calor y un consumo muy ajustado.

En contrapartida, ofrecen menos capacidad de almacenamiento que los discos tradicionales, menor durabilidad y proporcionalmente son más caros que los HDD. Pero una vez has probado el rendimiento que ofrecen, no querrás volver a usar otra cosa.

Como bien sabes, los discos SSD no cuentan con piezas móviles, por lo que no se rigen por los mismos parámetros de velocidad o estabilidad que los discos duros magnéticos.

No obstante, no todos los modelos de SSD ofrecen el mismo rendimiento. De ello depende la velocidad de las memorias que se han empleado en su fabricación y su controladora interna.

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Los fabricantes especifican las velocidades de transferencia de los discos SSD, por lo que tendrás que revisar las especificaciones técnicas del disco para conocer las tasas de lectura y escritura del disco SSD.

La configuración ideal acostumbra a ser un SSD para el sistema y un HDD para el almacenamiento de datos.

Los discos SSD, al igual que los discos duros magnéticos, utilizan la conexión SATA 3 para transmitir los datos, pero en esta ocasión, sí consiguen aprovechar gran parte del ancho de banda que ofrece esta conexión.

Discos híbridos

Los discos híbridos o SSHD (Solid State Hard Disk) son una mezcla de los tipos de almacenamiento que te acabamos de mostrar, ya que combinan la capacidad de almacenamiento de los discos duros tradicionales, con la rapidez de acceso de los SSD.

Su precio, al igual que su rendimiento, está en un término medio entre ambas tecnologías tecnologías y se sitúa ligeramente por encima de los discos duros tradicionales.

El funcionamiento de este sistema híbrido de almacenamiento es similar al que tienen los discos tradicionales, pero el componente SSD actúa como memoria caché y gestiona los archivos más habituales para mejorar su acceso.Con este sistema de almacenamiento se consiguen apagar totalmente la parte del HDD, mientras que la parte SSD continua activa hasta que necesites acceder a algún archivos que se encuentre en el disco magnético.

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Al igual que sucede con la memoria caché de los discos duros, la controladora interna del disco es la encargada de decidir, en función del uso que hagas, qué archivos se mueven a la parte SSD del disco y cuales permanecen en la parte de HDD.

Este sistema de almacenamiento es ideal para conseguir mejorar el rendimiento de los ordenadores, sin renunciar a la capacidad de almacenamiento.

PCI-e, mSATA y nuevas conexiones

Con el desarrollo nuevas tecnologías y componentes para la fabricación de los SSD, se han mejorado las prestaciones de los discos, permitiendo aumentar su rendimiento o reducir su tamaño.

Esto ha llevado a la necesidad de utilizar nuevos sistemas de conexión y transferencia de datos para aprovechar mejor el aumento de prestaciones.

Entre estos sistemas de conexión podrás encontrar los discos SSD con conexión PCI-e. Este sistema de almacenamiento consiste básicamente en un disco SSD como los que se conectan mediante SATA 3, pero adaptado para conectarse a la conexión PCI-e de tu placa base, como si de una tarjeta gráfica se tratase.

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Con este sistema de conexión se consigue aprovechar la mayor banda de transmisión de datos del conector PCI-e.

Aunque existen algunos modelos en el mercado, este tipo de sistema de almacenamiento no ha calado demasiado entre los usuarios personales, aunque sí lo han hecho en determinados sistemas empresariales.

Por otro lado tenemos los discos duros con conexión mSATA o M.2, que son la evolución natural de los discos SSD.

En lo que a funcionamiento se refiere, son básicamente lo mismo que los discos SSD a nivel de velocidades y rendimiento, pero no con respecto a su tamaño y conexión.

Los sistemas de miniaturización de componentes han conseguido que este tipo de discos SSD sean mucho más pequeños y ligeros que sus homólogos conectados por SATA 3 ya que pueden ocupar menos de una tercera parte de su tamaño.

Para poder utilizar uno de estos discos mSATA, la placa base de tu ordenador deberá contar con un conector mSATA, por lo que deberás tenerlo en cuenta al elegir una nueva placa base o al planificar qué tipo de almacenamiento quieres montar en tu ordenador.

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Sistemas RAID

Si tu placa base lo permite, puedes configurar un sistema RAID de discos y mejorar las capacidades de almacenamiento, el rendimiento o la seguridad de tus datos.

Con una configuración en RAID0 aumentarás considerablemente su rendimiento. Si necesitas aumentar la seguridad para tus datos, un sistema RAID1 o RAID5 duplicará tus datos para evitar su pérdida.

Siempre que la placa lo sopote, puedes crear configuraciones en RAID con cualquier tipo de disco, sea Disco duro magnético, SSD o cualquiera de las variantes que te hemos mostrado.

RAID-discoVía computerhoy

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